UNA NUEVA CULTURA CONSTRUIDA POR NIÑOS: LA CULTURA INFANTIL CAFETERA


UNA NUEVA CULTURA CONSTRUIDA POR NIÑOS: LA CULTURA INFANTIL CAFETERA


La Cultura Cafetera en Colombia, con más de un siglo de historia, ha sido construida por generaciones de familias que han tejido un legado de trabajo, economía agrícola, tradición y territorio alrededor del grano. Existen datos que señalan el ingreso de la planta al territorio colombiano a comienzos del siglo XVIII, traída desde Venezuela y la Guayana francesa por misioneros jesuitas. Su primer registro escrito aparece en 1730 (publicado en 1741) en El Orinoco Ilustrado, donde el padre José Gumilla describe cafetos sembrados en la Misión de Santa Teresa de Tabajé, cerca de la confluencia del Meta y el Orinoco. Hacia 1787, los informes del virrey Antonio Caballero y Góngora confirman las primeras siembras formales fuera del ámbito misionero, ya establecidas en Girón (Santander) y Muzo (Boyacá). A comienzos del siglo XIX, el cultivo se expande en el oriente del país gracias al impulso comunitario del párroco Francisco Romero en Salazar de las Palmas, quien promovió la siembra masiva entre sus feligreses. El café colombiano entra al comercio internacional en 1835, cuando la Aduana de Cúcuta registra la primera exportación formal: un lote de 2.560 sacos enviados hacia Estados Unidos y Europa. Este hecho marca el inicio de la consolidación del producto como eje económico central del país, proceso que continuaría durante el siglo XX y alcanzaría un hito decisivo en 1927 con la creación de la Federación Nacional de Cafeteros, que estructuró institucionalmente la producción y la calidad del café colombiano. Doscientos años de cultivo y cien años desde su comercialización consolidaron la primera Cultura Cafetera.



En diálogo respetuoso con ese legado, en Marsella —pequeña localidad del Paisaje Cultural Cafetero—, en 2015 y 2016 comenzamos a promover actividades, talleres y procesos formativos con un pequeño grupo de niños alrededor de esta tradición. Aquellas primeras acciones respondían a carencias evidentes en la formación de base, a la escasa oferta de marcas de café locales formalizadas y a un comercio cafetero aún poco especializado. Cada taller, cada salida a la finca, cada ejercicio de iniciación al barismo y cada experiencia cafetera compartida fue sumando un elemento más en un edificio pedagógico del que, en aquellos comienzos, no teníamos conciencia ni nombre. Estas acciones, nacidas primero del trabajo personal y altruista y articuladas más tarde desde la Fundación Marsella Juega y Educa a través del Proyecto Cafeteritos, establecieron entre la infancia y el mundo del café un enlace único y el ejercicio riguroso de conocimiento, ciencia e innovación. Con el paso de los años, la unión disciplinada entre los niños, el café y su formación terminó constituyendo una expresión inédita, con identidad propia, método y sentido: la Cultura Infantil Cafetera, una manifestación cultural que renueva, amplía y transforma la relación de la infancia con el café y la Cultura Cafetera.



Esta propuesta, nacida desde el respeto a la tradición, introduce en la infancia un ejercicio riguroso de conocimiento, ciencia e innovación alrededor del producto, buscando aportar modernidad a la finca, mayor bienestar a la familia rural, avivar el talento en la niñez, el liderazgo y el emprendimiento. El protagonismo infantil no es de acompañante ni simbólico: es real, activo y creador. La niñez se convierte en un agente capaz de generar conocimiento, de explicar la actividad agrícola con lenguaje propio y de aportar una visión nueva a una tradición centenaria. La Cultura Infantil Cafetera representa así un impulso renovador para el sector. Los niños no solo participan del relevo generacional: lo enriquecen, lo amplían y lo transforman. Son protagonistas, creadores y auténticos impulsores formales del saber cafetero, capaces de levantar —con su talento, disciplina, liderazgo y mirada fresca— un nuevo horizonte pedagógico y cultural para Colombia y el mundo del café.



La Cultura Infantil Cafetera es una expresión de la que, antes de 2015, no tenemos constancia escrita ni uso público, y que fue ideada y acuñada por la Fundación Marsella Juega y Educa a través del Proyecto Cafeteritos para nombrar el conjunto de acciones y experiencias que los niños estaban creando, con método y continuidad, como una forma propia de vivir y comprender el café desde la infancia. La expresión comenzó a manifestarse públicamente y de forma cotidiana para referirse a ese conjunto peculiar de cultura cafetera nueva —la infantil— antes de su reconocimiento institucional. Esta expresión escrita, en español, inglés e incluso francés, se introdujo por primera vez en los carteles de las IX Jornadas Internacionales Educativas de niños y café‑cultura (Cultura Infantil Cafetera / Children’s Coffee Culture), realizadas en El Pital del 7 al 11 de diciembre de 2022; se repitió en 2023 en las X Jornadas Internacionales Educativas Cafeteritos, Cultura Infantil Cafetera (Children’s Coffee Culture), que tuvieron lugar en Mistrató (Risaralda) el 25 de noviembre y en El Pital (Huila) el 16 de diciembre; y empezó a circular posteriormente con naturalidad entre los niños y sus formadores en talleres, eventos y redes, luego en otros círculos sociales y cafeteros de Colombia, dando forma a un fenómeno social nuevo que emergía desde la niñez.



Tanto ese proceso formativo desarrollado por el Proyecto Cafeteritos como su consecuencia en este nuevo cuerpo y fenómeno social —denominado Cultura Infantil Cafetera— encontraron su reconocimiento público e institucional el 14 de noviembre de 2024, durante la apertura de las XI Jornadas Internacionales Educativas Cafeteritos, Cultura Infantil Cafetera: un encuentro de cuatro días en el Parque del Café (Montenegro, Quindío) al que asistieron unas doscientas personas, entre ellas más de ciento cincuenta niños provenientes de distintas regiones de Colombia, acompañados por responsables de grupo, educadores y representantes del Parque, la Federación, el Comité del Quindío y la Universidad Tecnológica de Pereira. Aunque la expresión ya era empleada por los pequeños y sus formadores en talleres, eventos y redes, fue en ese momento cuando, en su alocución inaugural, el presidente de la Fundación Marsella Juega y Educa la presentó de manera formal ante la comunidad, el sector y las familias, otorgándole carácter oficial y legitimando públicamente su existencia, al tiempo que animaba a los niños a acrecentarla con su ejemplo y a divulgarla. Se reconoció así el trabajo iniciado en 2015 y 2016, manifestando la trascendencia de su alcance: una manifestación novedosa, nacida desde la niñez, que dialoga con más de doscientos años de historia del grano y cien años de cultura consolidada, y que abre un camino renovado hacia el futuro.








Hoy, esta cultura se ha convertido en un faro para la educación infantil del café. Colegios, entidades y organizaciones cafeteras incluyen a los niños en sus mercados, festejos, ferias, campeonatos y celebraciones. El barismo y la catación infantil, que durante años fueron una anécdota de color —un espacio donde el hijo del agricultor mostraba su muestra o acompañaba a su padre en eventos institucionales—, son ahora prácticas comunes, reconocidas y valoradas. Los niños son hoy protagonistas fundamentales, y a su presencia se suma la fuerza de la formación, la ciencia y esa alma innovadora que caracteriza a la infancia cuando se le da espacio para crear y transformar. Por eso, el Proyecto Cafeteritos renueva su compromiso: continúa su camino investigativo ampliando este edificio cultural y explorando horizontes más allá del barismo, la catación, la recolección, el secado y la venta, consolidando a la niñez como el motor de un cambio profundo capaz de romper el analfabetismo técnico del campo.



Ser faro implica también la responsabilidad de divulgar, compartir y expandir el conocimiento que la infancia ha construido alrededor del café. Esta propuesta no solo innova en la formación, sino que sostiene una divulgación que permite que este saber llegue a más niños, familias y territorios. Ese compromiso, inicial y permanente, que enorgullece al proyecto, dio lugar —en los primeros días— al nacimiento del proceso educativo “Con la Chemex al hombro visitamos colegios y veredas”: una iniciativa en la que niños y educadores viven la aventura de la enseñanza en su esencia más pura, llevando y compartiendo esta experiencia con otros estudiantes.



El entrelazado de actividades educativas, las vivencias humanas que las acompañan, el ejercicio divulgativo posterior de los profesores infantiles —trasladando los conocimientos adquiridos a otros niños, adultos e instituciones— y la definición de líneas de trabajo enfocadas en el talento, el liderazgo y el emprendimiento mediante metodologías que abren caminos inéditos en la formación rural, dio base y origen, a lo largo de los años, a una identidad colectiva nueva. Este acervo de aprendizajes, experiencias y enseñanzas fomentadas por el Proyecto Cafeteritos fue levantando un cuerpo cultural que hoy conocemos como Cultura Infantil Cafetera, reafirmando a través de este tiempo la trascendencia de vincular a los niños con el estudio del café desde temprana edad: un conocimiento y desarrollo infantil que traslada modernidad a las fincas, bienestar a las familias cafeteras y, en última instancia, progreso a toda la sociedad.





Empujamos por los niños y su educación
Proyecto Cafeteritos
Fundación Marsella Juega y Educa
 

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